PLATÓN: Hola, perdona, ¿eres de aquí?
YO: Si, ¿qué pasa?
PLATÓN: ¿Podrías indicarme cómo llegar al conocimiento, por
favor?
YO: Bueno, verás, primero tienes que ir a la calle Eikasía,
que es la de la imaginación.
PLATÓN: ¿Y hay algo para visitar en ella?
YO: Bueno, allí tienes las imágenes, las sombras.
PLATÓN: Vale, ¿y después?
YO: Después tienes que ir a la plaza Pistis, donde se
encuentra la creencia, y allí puedes ver el museo del conocimiento del mundo
material.
PLATÓN: Ah, ¡el mundo material! ¿Ese es en el que se
encuentra el cuerpo, donde está encerrada el alma?
YO: Obviamente. Y, ¿sabes por qué está el alma encerrada?
PLATÓN: No, ¿por qué?
YO: Porque cometió un pecado, y para purificarse fue
introducida en un cuerpo.
PLATÓN: Vaya, no lo sabía.
YO: Bueno, sigo indicándote. A continuación tienes que ir a
Dainoia, un parque donde está la razón discursiva, y en la que puedes conocer
los objetos matemáticos.
PLATÓN: ¿Queda mucho?
YO: No, ya sólo queda un sitio. Para acabar tienes que pasar
por la estación Noesis, donde verás la intuición.
PLATÓN: ¿Qué conseguiré en ella?
YO: Podrás conocer el mundo de las ideas, que es donde
estaban las almas en un principio.
PLATÓN: ¿Y cómo podré conocer todas esas cosas?
YO: Bueno, es fácil, porque sólo debes recordar.
PLATÓN: ¿Recordar?
YO: Sí, ya que cuando tu alma estaba en el mundo de las
ideas las conocía todas, así que para conocer solo debes recordar lo que
realmente ya sabes.
PLATÓN: ¿Y esos conocimientos cuánto llevan ahí?
YO: No lo sabemos, ya que el alma es inmortal.
PLATÓN: ¿Es inmortal?
YO: Claro, ¿no sabes que la muerte consiste en la descomposición
de las partes que forman un todo?
PLATÓN: Sí, pero, ¿qué tiene que ver?
YO: Que como el alma es simple, no se puede descomponer, por
lo que no puede morir.
PLATÓN: Aaaah… ¿y para qué sirve que el alma sea inmortal?
YO: Bueno, lo que ocurre es que los seres humanos
necesitamos una recompensa o un castigo por nuestros actos.
PLATÓN: ¿Eso no lo exige la justicia?
YO: Efectivamente. Y como no obtenemos lo merecido en esta
vida, es necesario que haya otra hacia la que dirigimos nuestros actos.
Queremos imitar la Idea de Bien para obtener la bondad moral, lo que hacemos
con las virtudes.
PLATÓN: ¿Y cómo sé qué virtudes tengo?
YO: Bueno, eso ya depende de si tu alma es racional,
irascible o concupiscible.
PLATÓN: ¿Y qué virtudes puedo tener?
YO: Puedes tener prudencia, fortaleza o templanza. También
existe la justicia, que las engloba a todas.
PLATÓN: ¿Estas virtudes repercuten en algo más?
YO: Sí, claro, también influirán en la clase social a la que
pertenezcas. Los gobernantes, de la clase superior, poseen un alma racional y
su virtud es la prudencia. Los guardianes tienen un alma irascible, y su virtud
es la fortaleza. Y los trabajadores tienen un alma…
PLATÓN: ¿Concupiscible?
YO: Exacto, y su virtud es la templanza.
PLATÓN: Vaya, qué interesante. Bueno, me voy que tengo mucho
camino por delante para llegar a mi destino.
Clara, son un poco simples, hay que trabajarlos mas.
ResponderEliminarUn saludo.
Feliciano