sábado, 9 de mayo de 2015

Rousseau y su mujer.



TERESA: ¡Jean-Jacques Rousseau, mi hijo no se va a criar en el campo!
ROUSSEAU: ¡Pero es que tú no lo entiendes! Si le criamos en la sociedad esta lo corromperá.
TERESA: ¿Pero por qué?
ROUSSEAU: Porque el hombre es bueno por naturaleza. ¿Acaso no has oído el Mito del Buen Salvaje?
TERESA: Por supuesto que lo he oído, pero no lo apoyo.
ROUSSEAU: Pues deberías. Si nuestro hijo se cría en la sociedad crecerá enajenado, egoísta… pero mediante una buena educación, alejado de la sociedad, podrá verse libre, viviendo bajo una igualdad buena para él, y cuando ya esté formado podrá insertarse en la sociedad.
TERESA: ¿Realmente piensas que eso es una buena idea?
ROUSSEAU: Si escribí Emilio exponiendo esto, ¿de veras crees que no lo considero un modo viable de lograr la ansiada libertad?
TERESA: Bueno, no, pero tus ideas siempre han sido muy extravagantes. Además, no tienes más que comprobar el revuelo que causó tu obra. ¿No se te ocurre ninguna otra solución?
ROUSSEAU: Hay otra que podría salvar a nuestro hijo, que es mediante el contrato social. Este se da entre iguales y nos hace libres.
TERESA: ¿Y qué haría nuestro hijo con este “contrato social”?
ROUSSEAU: Sólo tendría que ceder su libertado por el bien común. Y después acabaría recuperándola, junto a la igualdad, y sería bueno.
TERESA: Nunca entenderé por qué das tanta importancia a la igualdad.
ROUSSEAU: ¡Porque es esenciales! La Igualdad es positiva, contribuye y ayuda al hombre, y lo hace bueno. Hay que conseguir restituirla y lograr un estado en el que todos sean iguales. La desigualdad es la causa de todos los males, y proviene de la propiedad privada y de la división del trabajo que esta conlleva.
TERESA: ¿Y la libertad?
ROUSSEAU: Bueno, esta se consigue con un pacto. Todos poseemos un derecho a la vida único e irrenunciable, y sólo siguiendo la norma llegaremos a la libertad.
TERESA: ¿La norma de quién?
ROUSSEAU: De una especie de soberano.
TERESA: ¿Pero no perdemos con él nuestra libertad?
ROUSSEAU: No, ya que todos hemos elegido a este soberano, haciendo uso de nuestra libertad.
TERESA: ¿Y este soberano se hace cargo del Estado?
ROUSSEAU: ¡No! El Estado es negativo, y debe ser erradicado. Se trata únicamente de un estado intermedio. Además, hay varios estados para el hombre.
TERESA: ¿Como cuál?
ROUSSEAU: Primero el estado natural, que es en el que el hombre aparece como el buen salvaje, donde aún existe la igualdad. Pero al existir la sociedad, apareció la propiedad privada, con lo que apareció la sumisión, debida a la desigualdad.
TERESA: Pero esta sumisión, ¿se da hacia el soberano?
ROUSSEAU: Es que realmente el soberano no es una persona como tal, es el ser común que expresa la voluntad de todos, la voluntad general.
TERESA: Entiendo. Y, ¿qué más estados hay?
ROUSSEAU: También tenemos el estado intermedio, que, debido a la desigualdad, hace al hombre malo. Pero esto tiene que superarse, basando el Estado en el contrato social del que te he hablado. Esto hará que todos seamos iguales, y que, por tanto, mande la voluntad general, y no la del tirano.
TERESA: Pero esto llevará tiempo.
ROUSSEAU: Exacto, y por eso mi idea era que criásemos a nuestro hijo en la naturaleza, fuera de la mala influencia de la sociedad.
TERESA: ¿Y qué pensarían los religiosos de esto?
ROUSSEAU: ¿Qué más da eso? Dios realmente no tiene sentido, la única función de la Iglesia es la de hacer que los ciudadanos cumplan “sus deberes”, porque de otra forma no hay forma de que se cumplan los deberes cívicos que hacen a los hombres “buenos ciudadanos”.
TERESA: ¿Entonces qué propones?
ROUSSEAU: Que el Estado fije unos mínimos artículos de fe, unos positivos y otros negativos, llamados “dogmas”, que pienso que habría que limitar a uno: la intolerancia.
TERESA: ¿La intolerancia por qué?
ROUSSEAU: Porque la tolerancia es un principio básico para convivir tanto en lo civil como en la política.
TERESA: ¿Así que en nuestro hijo buscas que sea bueno, la igualdad, la libertad y la tolerancia?
ROUSSEAU: Sí, principalmente sí.
TERESA: ¿Y no estaba Hobbes en contra de esto?
ROUSSEAU: A Hobbes ni me lo nombres. Además de que pensaba que el hombre por naturaleza era malo, se atrevió a decir que “el hombre es un lobo para el hombre”. ¿Te lo puedes creer? Va completamente en contra de mis ideas.
TERESA: ¿Y cómo sabes que no tiene razón?
ROUSSEAU: Porque sus ideas no tienen sentido. ¿A quién se le ocurre pensar que la igualdad, ¡la mismísima igualdad!, es el principio de todos los males? Dice que no está bien que todos seamos iguales porque queremos destacar.
TERESA: ¿Y cuál cree él que sería la solución para esto?
ROUSSEAU: La desigualdad, tal cual. No era muy inteligente este Hobbes proponiendo a esta raíz de problemas como solución a los conflictos.
TERESA: ¿Entonces qué planteaba él para el Estado?
ROUSSEAU: Oh, él hablaba del Leviatan, que señala que el que manda debe garantizar el no-conflicto de la totalidad. Supuestamente representa al pueblo.
TERESA: Realmente sus ideas no son tan extrañas, simplemente mira más allá de tus ideas buscando otras posibilidades.
ROUSSEAU: ¡Pero es que no respeta ni la libertad!
TERESA: ¿Cuánta importancia tiene para ti la libertad realmente?
ROUSSEAU: Es muy importante. Hasta el punto de que sólo podría enajenarse la libertad al precio de salvar la vida. No tiene sentido el contrato de enajenación por el que un individuo vende su libertad, convirtiéndose en un esclavo, tan sólo a cambio de su vida o de una cierta seguridad.
TERESA: De modo que no me queda remedio, ¿no? Si tan importante es para ti todo esto iremos a criarlo fuera de la sociedad.
ROUSSEAU: ¿De verdad? Mil gracias. Juntos lograremos llegar a la igualdad con el contrato social, ya lo verás.

Nietzsche, asesino (y con razón).


POLICÍA: Pero, ¿cómo es posible que haya hecho usted una cosa así?
NIETZSCHE: ¿Yo? Yo no he hecho nada.
POLICÍA: ¿Intenta decir que ese crimen se ha producido de forma espontánea?
NIETZSCHE: No, claro que no. Pero no he sido yo el único autor de esto. Ha sido el hombre.
POLICÍA: ¿Cómo el hombre? ¿Quién es “el hombre”?
NIETZSCHE: Oh, no es una persona si es lo que está usted pensando. Es el conjunto de hombres en general.
POLICÍA: Sabe que eso no tiene ningún sentido, ¿verdad? Y, además, ¿qué razones tendría la humanidad para realizar un acto como este?
NIETZSCHE: Porque los hombres no soportaban a alguien testigo de todo, que además descentraba y envilecía al hombre.
POLICÍA: Pero, ¿¡Cómo va Dios a envilecer al hombre!? Es una locura.
NIETZSCHE: Pues así era, porque el hombre atribuyó a Dios unos valores extraordinarios que no se atrevía a atribuirse a sí mismo. Además, Dios no era más que enemigo del hombre.
POLICÍA: ¿Enemigo? Pero si Dios era todo bondad.
NIETZSCHE: Eso es falso, Dios era Cristo, representante de los absurdos valores de los filósofos Dogmáticos.
POLICÍA: ¿Y qué tienen de malo estos filósofos? Tanto Platón como otros tantos ligados al cristianismo eran unos genios.
NIETZSCHE: No eran unos genios, ni mucho menos. Odiaban la vida.
POLICÍA: ¿Cómo van a odiar la vida?
NIETZSCHE: Ellos ponían la importancia en otra vida, no en esta. Esta vida para ellos no era más que un mero trámite para llegar a la otra. Pretendían separar entre cuerpo y alma, y esto nos descentra.
POLICÍA: Pero la voluntad de verdad decía que…
NIETZSCHE: ¡La voluntad de verdad no tiene ninguna validez! No es más que la necesidad de afirmar que la realidad es de una forma determinada.
POLICÍA: Pero es la voluntad de apoyar lo verdadero, y la verdad es importante.
NIETZSCHE: Se equivoca, la verdad no es más que un conjunto de generalizaciones. Los juicios importantes no son los verdaderos, sino los que favorezcan a la vida. Lo que es importante es la voluntad de poder.
POLICÍA: ¿Y esto qué es?
NIETZSCHE: Consiste en un término que percibo en un momento determinado y desde mi individualidad, y lo reivindico desde mi propia perspectiva.
POLICÍA: ¿Perspectiva?
NIETZSCHE: Sí, cada persona tiene su propia perspectiva, incluso usted, y todos debemos apoyar la nuestra, no tiene que haber una moral común que nos prive a todos de disfrutar de esta vida.
POLICÍA: Pero, si sólo existe esta vida como usted dice, ¿qué sentido tiene obrar bien?
NIETZSCHE: Bueno, es que la propia moral nos conduce a ello. De todas formas el Superhombre está por encima del Bien y del Mal.
POLICÍA: ¿El Superhombre? Explíquese.
NIETZSCHE: El Superhombre es el encargado de crear unos nuevos valores, y está por encima del hombre.
POLICÍA: ¿Qué nuevos valores?
NIETZSCHE: Dudo que realmente esto le importe demasiado, señor.
POLICÍA: Estoy tomándole declaración, de modo que debe proseguir.
NIETZSCHE: Está bien. Todo comienza con que el hombre está en un estado de sumisión en el que acepta todos los valores establecidos, es como un camello, pero en un momento negará todo, convirtiéndose en león.
POLICÍA: ¿En un león? ¿Habla usted de la reencarnación ahora?
NIETZSCHE: No, es simplemente una metáfora. Después de negar todo, se dará cuenta de que esto no le lleva a nada y descubrirá que hay que llegar a unos nuevos valores, pero para no afirmar nada sobre los ya existentes deberá crear unos nuevos de cero –evitando así caer en enunciados falsos-, y aquí surgirá el Nihilismo, con el hombre convertido en niño. Aparecerá entonces el Superhombre, encargado de estos nuevos valores.
POLICÍA: ¿Y cómo van a aparecer nuevos valores, siendo la realidad estática?
NIETZSCHE: Es que no es estática. El mundo está en movimiento y se transforma. Por ello no existen los conceptos tan utilizados anteriormente, sólo debemos hacer uso de las metáforas, que consisten en atribuir un nombre a una cosa en un momento determinado.
POLICÍA: ¿Y por qué en un momento determinado?
NIETZSCHE: Porque al existir el movimiento dicha cosa podría modificarse para la vez siguiente que quieras nombrarla, ergo no puedes darle un nombre fijo que la matematice.
POLICÍA: Pero entonces las ciencias sin conceptos… no son nada.
NIETZSCHE: Es que las ciencias, por mucho que hagan avanzar al hombre, están ligadas a valores anteriores, y cuantifican la realidad, ya que suprimen las cualidades de los objetos al ponerles un nombre determinado sin tener en cuenta el movimiento del que le hablo.
POLICÍA: ¿Cómo se definiría usted entonces?
NIETZSCHE: Como un vitalista, ya que apoyo esta vida. Soy el Anticristo, apoyando la idea del Superhombre y siguiendo las ideas del Nihilismo.
POLICÍA: No, me refería a que si se declara usted culpable o inocente.
NIETZSCHE: Culpable, pero con razones de peso para ejecutar este asesinato de Dios, y con la ayuda de todos los hombres. Además ha habido más crímenes no juzgados, señor.
POLICÍA: ¿Cómo cuál?
NIETZSCHE: Como el acto que realizaron los esclavos contra los señores. Nadie habla de la transmutación de valores.
POLICÍA: Me temo que no le sigo.
NIETZSCHE: Verá, los señores son valientes, aman la vida y el riesgo. En cambio, los esclavos son cobardes y temen a la vida, por ello no quieren vivir y siguen los valores impuestos por otros, siguen a los demás.
POLICÍA: ¿Y qué tiene esto de malo?
NIETZSCHE: Que los esclavos formularon una moral general para todos que tapaba a los señores y a la vida en sí, pero con el Nihilismo y la creación de nuevos valores esto se acabará, puesto que cada uno tendrá sus valores por la perspectiva de la que hemos hablado antes.
POLICÍA: Está bien, eso ya lo comprobaremos si ocurre el proceso de los hombres hasta llegar a ser niños, como usted dice. Pero no me ha explicado esas “razones de peso” de las que alardea.
NIETZSCHE: Ya le he dicho que Dios era testigo de todo, que envilecía al hombre, que lo descentraba… Y, además, cuanto más Dios hay, menos hombre queda, y por esto Dios estaba contra el hombre también.
POLICÍA: Veremos si esos argumentos valen al juez. Una última pregunta, ¿tenía alguna persona idea de que este crimen iba a ocurrir?
NIETZSCHE: Por supuesto, Zaratrustra, el profeta de la muerte de Dios.
POLICÍA: Está bien, mandaré que lo detengan entonces. ¿Tiene usted algo que decir antes de que lo encierre como sospechoso de asesinato de la muerte de Dios?
NIETZSCHE: Por supuesto. ¡Dios ha muerto, viva el Superhombre!

miércoles, 29 de abril de 2015

Marx enseña el Marxismo a Pedro.


PEDRO: ¡Eh! ¿Tú eres el colgao que habla de los aliens?
MARX: ¿Perdón? No, no, yo hablo de las alienaciones. No tiene nada que ver con los aliens.
PEDRO: ¿Cómo que no? ¿Y de qué va la cosa esa?
MARX: Se llama alienación.
PEDRO: Eso mismo.
MARX: Bueno, consiste en que uno deja de ser propietario de sí mismo.
PEDRO: ¿Como si le raptan o algo eso? 
MARX: No. Verás, se da cuando alguien exterioriza algo que le pertenece y lo considera como perteneciente a otro.
PEDRO: ¿Eso es bueno o malo?
MARX: Es malo, porque hace referencia a una pérdida. Por eso decimos que el hombre se pierde a si mismo, que se enajena.
PEDRO: Madre mía… ¿pero esto se puede usar para algo o solo sirve para decirlo?
MARX: Bueno, esto realmente parte de la alienación económica por culpa de las clases sociales. 
PEDRO: ¿Y de dónde salen las clases sociales?
MARX: Provienen de la propiedad privada, que provoca la diferenciación económica, creándose así los diferentes estratos según los bienes.
PEDRO: Entonces aquí ocurre la alienación económica esa porque un trabajador da su trabajo, ¿no?
MARX: Lo que ocurre es que aunque el trabajador recibe un salario, pero tiene que ceder el producto de su trabajo, que pasa a ser propiedad de los capitalistas.
PEDRO: Así que el dinero se va para los capitalistas.
MARX: Efectivamente, se enriquecen los ricos. Además se produce también la alienación en el trabajo, porque el salario que obtiene el trabajador no para el trabajo realizado realmente, sino que sólo equivale a la fuerza de trabajo.
PEDRO: ¿Entonces esto sirve para que los capitalistas para obtener un beneficio?
MARX: Sí, y se hace uso de la plusvalía, aumentando el número de horas de los trabajadores o disminuyendo sus salarios.
PEDRO: ¿Entonces los aliens no van a aparecer por ningún sitio?
MARX: ¿Pero acaso me estás escuchando? Esto va de ALIENACIONES, y hay más que parten de la económica.
PEDRO: A ver, ¿cuál más?
MARX: La social, por ejemplo, ya que la burguesía tiene la propiedad privada de los medios de producción.
PEDRO: Y el proletariado sólo tiene su fuerza de trabajo, así que por eso está obligado a colaborar con la burguesía para sobrevivir.
MARX: Exacto, parece que lo vas entendiendo. ¿Sabrías decirme en qué consiste la alienación política?
PEDRO: Bueno, podría ser usada por la burguesía para imponerse.
MARX: Sí, se crea con esto el estado, que sirve para garantizar los privilegios de la clase burguesa, y representa la fuerza al servicio de la alienación.
PEDRO: Esto empieza a interesarme de verdad. ¿Hay alguna más?
MARX: Sí, la última, la alienación religiosa, que consiste en que no es Dios quien ha creado al hombre, sino que es el hombre el que ha creado a Dios, y ha proyectado en él todo lo que hay de bueno en el hombre.
PEDRO: Así que Dios es la imagen ideal del hombre.
MARX: Efectivamente, y además la religión se crea para soportar su miseria, por ello señalo que la religión es el opio del pueblo.
PEDRO: Y se produce la alienación porque el hombre es esclavo de Dios y no de sí mismo.
MARX: Exacto. Y todas estas alienaciones tienen una solución: la desalienación.
PEDRO: ¿Cómo se consigue llegar hasta ella?
MARX: Debemos atravesar las distintas épocas de la historia, partiendo de la época primitiva, donde no había lucha entre clases, la época esclavista, donde comienza la propiedad privada de los medios de producción y aparecen los esclavos. Después aparece la feudal, donde continúa todo como en la época anterior. A continuación se da la época capitalista, que es el resultado de la industrialización.
PEDRO: Y en esta sigue dándose el esclavismo, aparece la plusvalía, se aliena el trabajador, y aparece la división de las clases sociales, entre…
MARX: Capitalistas y proletarios.
PEDRO: ¿Tú criticas el capitalismo, no?
MARX: Sí, ya que es injusto porque se explota al trabajador, y porque se da la plusvalía. La última etapa es la de la dictadura del proletariado.
PEDRO: Y en esta por fin se da la abolición de la lucha de clases.
MARX: Claro, y entonces es cuando ocurren las desalienaciones. Primero se da la económica y la de trabajo, porque al desaparecer estas clases desaparece la propiedad privada.
PEDRO: ¡Y el hombre vuelve a ser dueño de su actividad y de sí mismo!
MARX: Eso es. ¿Puedes deducir cómo continúa?
PEDRO: Eso creo. Como han desaparecido las clases sociales el hombre recupera su condición de ciudadano y se da la desalienación social, y con eso también deja de ser necesario el Estado, por lo que se da la desalienación política también. Y la religiosa,…
MARX: La verdad es que esta se da porque han desaparecido las miserias de los hombres, y entonces ya no necesitan nada para justificarlas, por lo que Dios deja de ser necesario.
PEDRO: Vaya, todo esto es realmente curioso. ¿Cómo llegaste a formular tu filosofía?
MARX: Comencé con la Dialéctica de Hegel, que era un método para conocer la realidad y para explicarla, pero yo sólo la acepté como método para conocer.
PEDRO: La Dialéctica de Hegel planteaba la idea como lo único real, pero tú señalas la materia, ¿por qué?
MARX: porque sólo existe lo que es materia, y lo que no es materia no existe, por ello mi filosofía se considera Materialismo.
PEDRO: ¿Y qué características posee la materia?
MARX: Es eterna, ni se crea ni se destruye. Pero realmente no sabemos casi nada de esta materia,
sólo sabemos cómo son las cosas materiales, pero de la materia como tal sólo sabemos que posee automovimiento.
PEDRO: Y sé que hay dos tipos de materialismo, pero no los entiendo.
MARX: Verás, tenemos el materialismo vulgar, que considera la materia como algo inerte y fijo, y uno dialéctico, que considera la materia como algo dinámico y en continua transformación. Por ello este es el materialismo que tomo.
PEDRO: Y, además de que la materia está en continuo movimiento, ¿qué características posee?
MARX: Que es infinita en el espacio, y eterna en el tiempo. Está sometida  a las leyes de la Dialéctica, al igual que el hombre y la sociedad. Esta materia se rige por los principios del devenir, o ley de vida.
PEDRO: Ah, esa la conozco, es la que dice que todo debe pasar por tres etapas: nacimiento, desarrollo y muerte.
MARX: Exacto. Además esta ley de la Dialéctica es realmente la clave del progreso. La muerte aparece como creadora, ya que todo ser posee en sí mismo el germen de su propia destrucción y el de su propia superación.
PEDRO: ¿Qué conclusión sacas de todo esto?
MARX: Que la Dialéctica es el estudio del encadenamiento de las contradicciones que engendra la Historia.
PEDRO: Esto me resulta apasionante.
MARX: Si quieres puedes venir a una de las reuniones que tengo semanalmente con otros filósofos.
PEDRO: Me encantaría, avísame y allí nos veremos.

jueves, 12 de marzo de 2015

Hume y su madre.


MADRE: ¡Pero Hume, hijo, no puedes ser así!

HUME: ¿Por qué? No quiero hacer lo que hacen todos mis amigos.

MADRE: Pero tanto negar, tanto negar… te vas a quedar solito hijo.

HUME: Mamá, es que no estoy de acuerdo con Descartes. Yo creo que tenemos que usar los sentidos y la experiencia para conseguir ideas a partir de impresiones, y que estas ideas pueden ser simples y complejas.

MADRE: ¿Cómo va a haber dos tipos de ideas? ¿Pero tú te oyes?

HUME: Por la Ley de asociación de ideas, ya que las simples podrán volverse complejas al unirse.

MADRE: ¿Cómo funciona una cosa así?

HUME: Verás mamá, hay tres leyes; la ley por la semejanza-diferencia, la ley de la continuidad en el espacio y el tiempo y la ley de la causalidad relación causa-efecto. Además, podemos llamar a las relaciones de ideas verdades de razón, que son las que pueden demostrarse con toda certeza, como serían las Matemáticas.

MADRE: Pero, ¿qué Matemáticas ni qué Matemáticas? Aquí lo importante es el principio de causalidad.

HUME: ¡Nooo mamá, no digas eso! Justo contra el principio de causalidad es contra lo que lucho.

MADRE: ¿Y eso por qué? ¿Tienes razones? Los niños sois siempre tan ilógicos…

HUME: Que no mamá, que tengo razones. Mira, si ocurren dos cosas que parecen tener una relación, tendremos una impresión de que la primera cosa precede a la segunda, pero no tendremos una de dicha conexión. Por eso podemos decir que el principio de causalidad no es objetivo, porque no se basa realmente en la experiencia.

MADRE: ¡Ni experiencia ni experiencio! Deja de decir tonterías niño.

HUME: Pero mamá, si lo pensases un poco verías que tiene sentido. Además, las verdades no tienen por qué ser de razón, que son las formales que no se relacionan con la experiencia, pero no negamos porque sería contradictorio. También existen las verdades de hecho, que son sintéticas, y en ellas el Sujeto no está implícito en el Predicado, y se comprueban a posteriori con la experiencia.

MADRE: Anda, anda, ya basta. ¿Has abierto el armarito de alcohol?

HUME: ¡Que no! Esto tiene sentido, aunque tú no seas capaz de verlo.

MADRE: Esa boca niño, que hablas con tu madre.

HUME: Es verdad, lo siento. Pero, ¿puedo seguir explicándome?

MADRE: Esta bien, sigue. Pero no tardes mucho.

HUME: Vale, lo resumiré. Como niego el principio de causalidad, también niego la Sustancia, porque es una idea y no una impresión.

MADRE: ¿Y eso qué quiere decir?

HUME: Que realmente es un conjunto de impresiones que siempre unimos con nuestra imaginación sin darnos cuenta, así que la Sustancia es algo psicológico y subjetivo sin ningún fundamento.

MADRE: No sé yo si me convence esto, hijo…

HUME: Igual te convenzo si sigo explicándotelo. También creo que podemos negar el Yo, porque no tenemos impresiones directas de él. El Yo sólo es un haz de percepciones, y la mente es un teatro que representa las vivencias.

MADRE: ¿Cómo pues negar el Yo? Si es también el alma, y el alma viene de Dios.

HUME: Pero… es que también niego que sean verdaderos los argumentos que demuestran la existencia de Dios.

MADRE: ¿QUÉ? ¿Por qué?

HUME: Porque todos los argumentos que explican la supuesta existencia de Dios realmente se basan en el principio de causalidad, y si lo niego no puedo aceptarlos… No se está demostrando su existencia de la forma correcta.

MADRE: Ningún hijo mío será ateo.

HUME: Tranquila mamá, no soy ateo, sólo agnóstico.

MADRE: Sigue sin gustarme. Acaba ya con tus chorradas que tengo mucho que hacer.

HUME: Está bien, mamá. También creo que el Mundo Exterior, la realidad, no puede señalarse como algo que exista, porque tampoco tenemos impresiones directas que sean objetivas. Una vez que la mente empieza a observar una uniformidad o coherencia entre las impresiones, tiende a convertirla en tan completa como sea posible, aunque realmente no lo sea. Además, tendemos a pensar que todo va a continuar igual siempre, apoyamos la idea de la coherencia.

MADRE: Pues yo no pienso así.

HUME: Porque tú perteneces al grupo de la “gente vulgar” que piensa que los objetos y las perfecciones son una misma cosa. Los objetos existen de manera continua e independiente, mientras que las percepciones sufren interrupciones y dependen del sujeto perceptor. Aunque a veces, como no tenemos explicaciones científicas de lo real, pienso que debería dejarme llevar por lo que piensa la mayoría.

MADRE: Pues eso tendrías que hacer, lo que hace todo el mundo. ¿O es que acaso tu moral no te pide a gritos hacer caso a tu madre?

HUME: Verás mamá, es que yo solo veo la moral como la ciencia de las reglas que hay que seguir para conseguir el bien y la felicidad… La moral no es objeto de entendimiento, sino de sentimiento.

MADRE: ¡Pero sé razonable hijo!

HUME: ¿Razonable? Mamá, la razón es, y debe ser, solamente la esclava de las pasiones, y no puede pretender otra misión que servirlas y obedecerlas.

MADRE: ¿Y qué es la pasión para ti?

HUME: Pues todas las emociones y afectos, y pueden ser directas, si surgen de la experiencia del placer o del dolor, como l apena, la alegría o el temor, o indirectas, cuando no proceden simplemente de los sentimientos de placer o dolor, sino a través de la relación de impresiones e ideas, como serían el orgullo, el odio, el amor,…

MADRE: ¿Pero en serio tú piensas esto hijo mío?

HUME: Mamá, no es tu culpa que no lo entiendas, estamos en pleno siglo XVIII, y tu mente es muy cerrada, crees que deben seguirse las tradiciones y las costumbres…

MADRE: Es que así debe ser, ahí está la virtud.

HUME: No mamá, te equivocas. La virtud es una impresión agradable, y el vicio una impresión desagradable, pero no puedes juntarla con tus ideas.

MADRE: pero yo creo que las tradiciones son buenas, así que lo son.

HUME: No, porque sólo al considerar a un carácter de forma general, sin referirlo a nuestro interés particular, es cuando causa un sentimiento real de aprobación o desaprobación moral. Aunque a veces se dan entre la gente diferentes juicios morales, el sentimiento general de moralidad es común a todos los hombres, no podemos caer en el relativismo.

MADRE: Hijo, ¿por qué no piensas en algo más útil en vez de darle vueltas a estas tonterías?

HUME: Mamá, justo a la utilidad iba ahora. Existen cuatro tipos de valores o cualidades, los útiles a la comunidad, los útiles a uno mismo, los agradables a otros, y los agradables a uno mismo. Pero no deben entenderse en sentido personal y egoísta, sino en un sentido altruista y general.

MADRE: Mira, en eso te doy la razón, la sociedad es indispensable.

HUME: La verdad, mamá, es que el hombre no es social por naturaleza, pero vive en sociedad porque es más útil. Pero si no fuera ventajoso no viviríamos en sociedad. Las cosas sólo tienen sentido por la utilidad.

MADRE: Mira, Hume, me estás dando dolor de cabeza. Vete a dormir ya.

HUME: Está bien, buenas noches.

Descartes va a juicio.


JUEZA: Buenos días señor.

DESCARTES: Buenos días señoría.

JUEZA: Tome asiento, por favor. Bien, ¿por qué está usted aquí?

DESCARTES: Verá señoría, he logrado establecer un método para llegar a demostrar que el Mundo, es decir, la Res Extensa existe.

JUEZA: ¿Cómo? Pero eso es imposible.

DESCARTES: No señoría, verá; como usted sabrá, toda la filosofía que tomábamos como base y creíamos como cierta, ya no puede considerarse como tal.

JUEZA: Sí, lo sé, del geocentrismo hemos pasado al heliocentrismo, hemos descubierto que la Tierra es redonda y no plana…

DESCARTES: Efectivamente, y, además, se ha roto la unidad religiosa por la aparición del protestantismo.

JUEZA: Sí, sí, todo eso ya lo sé. Prosiga.

DESCARTES: Pues bien, yo andaba preguntándome cómo podemos conocer y cómo conocemos, cuando me di cuenta de que no todo ha fallado, aún quedan las matemáticas, que siguen el Racionalismo, ya que parten de axiomas, de primeras verdades.

JUEZA: ¿Y con esto qué consigue?

DESCARTES: Con esto conseguí darme cuenta de que para comprobar la veracidad de las cosas debíamos saber qué principios indubitables existen, por lo que establecí la duda como método.

JUEZA: ¿La duda? ¿Y cómo es esto posible?

DESCARTES: Bueno, lo que ocurre con la duda es que es universal, ya que es aplicable a todo lo dudoso, es positiva, porque aporta razones para dudar, y es metodológica, ya que puede usarse como método para llegar al conocimiento de la verdad.

JUEZA: Pero este método está descontrolado.

DESCARTES: Al contrario, señoría, ya que he establecido una serie de reglas para imposibilitar que captemos algo falso como verdadero.

JUEZA: ¿Y cuáles son estas reglas?

DESCARTES: En primer lugar, la regla de la evidencia, ya que empezaremos por lo evidente, y no admitiremos como verdadero algo que no lo sea.

JUEZA: Bueno, esto está claro. Continúe.

DESCARTES: En segundo lugar planteo la regla del análisis, ya que debemos dividir las dificultades cuanto sea posible para resolverlas mejor. En tercer lugar tendríamos la regla del orden, ya que debemos comenzar por lo más fácil para llegar de una forma gradual a lo más difícil. Por último, usaremos la regla de la revisión, ya que haremos una revisión general para una mayor perfección y certeza de lo realizado.

JUEZA: Todo esto parece tener sentido, pero no comprendo aún cómo llegó usted hasta la Res Extensa.

DESCARTES: Señoría, hay que ir paso a paso. En primer lugar conseguí un axioma para poder apoyarme en él, y este es “Cogito ergo sum”.

JUEZA: ¿Y qué significa esto?

DESCARTES: Significa “pienso luego existo”. Porque no me negará usted que mucho he tenido que pensar para llegar a todo esto.

JUEZA: No, claro que no.

DESCARTES: Bien, pues comencé con este axioma, y llegué a la conclusión de que, aunque todos los pensamientos que tenga puedan ser falso, lo que no es falso es que tengo pensamientos, así que podemos aceptar el Yo como algo cierto, y establecer el pensamiento como atributo de este.

JUEZA: No parece que haya ninguna incongruencia. Continúa.

DESCARTES: Nadie puede negar que tenemos una idea de Dios, conocemos a un ser perfecto, infinito y omnipotente. Pero lo que no sabemos es de dónde ha salido esta idea. De modo que yo propongo que es el propio Dios el que ha colocado esta idea en nosotros de una forma innata. La idea de Dios está en mi “a priori”, antes de que yo pueda inventármela.

JUEZA: ¿Y el atributo de Dios cuál sería?

DESCARTES: La perfección, claramente.

JUEZA: Está bien. ¿Y a partir de Dios cómo continúa?

DESCARTES: Bueno, sabemos que Dios no puede engañarnos porque es un ser bondadoso, por lo que el mundo que ha creado no puede ser falso. Dios es criterio de verdad, por lo que la existencia del Mundo quedaría con él demostrada, y el atributo del Mundo es la extensión.

JUEZA: Pues a decir verdad todo esto que usted plantea tiene cierto sentido.

DESCARTES: No hay razón pues para que esté yo aquí siendo juzgado, ¿verdad?

JUEZA: Ciertamente por esto no, pero tiene usted una demanda por asustar a la gente hablando de unos espíritus.

DESCARTES: ¡Ah, sí!, los espíritus vitales, claro está.

JUEZA: ¿Y sería usted tan amable de explicarme en qué consiste esto?

DESCARTES: Verá, hace tiempo me planteé la existencia de unos agentes intermedios, que serían estos espíritus vitales, que explicarían la interacción entre cuerpo y alma. Estos espíritus eran unos corpúsculos pequeños producidos por la sangre y enviados desde el corazón a todo el cuerpo.

JUEZA: ¿Y por qué necesita usted explicar esta interacción?

DESCARTES: Es que yo pienso que el alma y el cuerpo son dos sustancias independientes, ya que pueden existir la una sin la otra, pero el hombre es un compuesto de ambas, así que deben estar unidas en algún sitio, por lo que planteo que esta unión está en el propio cuerpo, en la base del cerebelo, donde se encuentra la “Glándula Pigneal”.

JUEZA: Pero usted ha abandonado esta teoría, ¿no?

DESCARTES: Sólo la de los espíritus vitales.

JUEZA: Bueno, con eso será suficiente. Le declaro a usted inocente, pero espero que no vuelva por aquí.

DESCARTES: Gracias, señoría, intentaré que así sea.

viernes, 28 de noviembre de 2014

Platón y su viaje al conocimiento.



PLATÓN: Hola, perdona, ¿eres de aquí?
YO: Si, ¿qué pasa?
PLATÓN: ¿Podrías indicarme cómo llegar al conocimiento, por favor?
YO: Bueno, verás, primero tienes que ir a la calle Eikasía, que es la de la imaginación.
PLATÓN: ¿Y hay algo para visitar en ella?
YO: Bueno, allí tienes las imágenes, las sombras.
PLATÓN: Vale, ¿y después?
YO: Después tienes que ir a la plaza Pistis, donde se encuentra la creencia, y allí puedes ver el museo del conocimiento del mundo material.
PLATÓN: Ah, ¡el mundo material! ¿Ese es en el que se encuentra el cuerpo, donde está encerrada el alma?
YO: Obviamente. Y, ¿sabes por qué está el alma encerrada?
PLATÓN: No, ¿por qué?
YO: Porque cometió un pecado, y para purificarse fue introducida en un cuerpo.
PLATÓN: Vaya, no lo sabía.
YO: Bueno, sigo indicándote. A continuación tienes que ir a Dainoia, un parque donde está la razón discursiva, y en la que puedes conocer los objetos matemáticos.
PLATÓN: ¿Queda mucho?
YO: No, ya sólo queda un sitio. Para acabar tienes que pasar por la estación Noesis, donde verás la intuición.
PLATÓN: ¿Qué conseguiré en ella?
YO: Podrás conocer el mundo de las ideas, que es donde estaban las almas en un principio.
PLATÓN: ¿Y cómo podré conocer todas esas cosas?
YO: Bueno, es fácil, porque sólo debes recordar.
PLATÓN: ¿Recordar?
YO: Sí, ya que cuando tu alma estaba en el mundo de las ideas las conocía todas, así que para conocer solo debes recordar lo que realmente ya sabes.
PLATÓN: ¿Y esos conocimientos cuánto llevan ahí?
YO: No lo sabemos, ya que el alma es inmortal.
PLATÓN: ¿Es inmortal?
YO: Claro, ¿no sabes que la muerte consiste en la descomposición de las partes que forman un todo?
PLATÓN: Sí, pero, ¿qué tiene que ver?
YO: Que como el alma es simple, no se puede descomponer, por lo que no puede morir.
PLATÓN: Aaaah… ¿y para qué sirve que el alma sea inmortal?
YO: Bueno, lo que ocurre es que los seres humanos necesitamos una recompensa o un castigo por nuestros actos.
PLATÓN: ¿Eso no lo exige la justicia?
YO: Efectivamente. Y como no obtenemos lo merecido en esta vida, es necesario que haya otra hacia la que dirigimos nuestros actos. Queremos imitar la Idea de Bien para obtener la bondad moral, lo que hacemos con las virtudes.
PLATÓN: ¿Y cómo sé qué virtudes tengo?
YO: Bueno, eso ya depende de si tu alma es racional, irascible o concupiscible.
PLATÓN: ¿Y qué virtudes puedo tener?
YO: Puedes tener prudencia, fortaleza o templanza. También existe la justicia, que las engloba a todas.
PLATÓN: ¿Estas virtudes repercuten en algo más?
YO: Sí, claro, también influirán en la clase social a la que pertenezcas. Los gobernantes, de la clase superior, poseen un alma racional y su virtud es la prudencia. Los guardianes tienen un alma irascible, y su virtud es la fortaleza. Y los trabajadores tienen un alma…
PLATÓN: ¿Concupiscible?
YO: Exacto, y su virtud es la templanza.

PLATÓN: Vaya, qué interesante. Bueno, me voy que tengo mucho camino por delante para llegar a mi destino.

jueves, 27 de noviembre de 2014

Aristóteles, el ladrón en potencia.



YO: Oye, tú, el de la barba.
ARISTÓTELES: ¿Yo?
YO: Si, tú. Te he pillado.
ARISTÓTELES: ¿Perdón? No sé de qué me hablas.
YO: Te he visto intentando robarme. ¡Eres un ladrón!
ARISTÓTELES: Disculpa, pero creo que te equivocas. Yo no he robado nada.
YO: ¡Pero lo has intentado! Eres un ladrón lo mires como lo mires.
ARISTÓTELES: No soy un ladrón, en tal caso sería un ladrón en potencia.
YO: ¿Qué? No, si encima intentarás librarte…
ARISTÓTELES: Lo que digo es que yo, en acto, no he robado nada. Podría llegar a ser un ladrón, pero no lo soy.
YO: Pero no me cuentes tu vida, ¡voy a denunciarte!
ARISTÓTELES: Pero no seas así, mujer… Tenemos cosas en común.
YO: ¿Ah sí? ¿Como cuál?
ARISTÓTELES: Los dos somos ser.
YO: ¿Perdón?
ARISTÓTELES: Sí, los dos somos ser, pero de formas diferentes. claro.
YO: Creo que no te sigo.
ARISTÓTELES: ¿No sabes que todas las cosas se parecen en que todas ellas son ser? Todas tienen esencia.
YO: ¿Dices que todas las cosas son iguales?
ARISTÓTELES: Bueno, son iguales en parte, ya que todas son, pero son de formas diferentes. Es un concepto análogo.
YO: Y eso de la esencia que has dicho antes, ¿qué se supone que es?
ARISTÓTELES: Es la sustancia, lo que hace que las cosas sean.
YO: ¿Y lo del acto y la potencia?
ARISTÓTELES: Eso es para una concepción dinámica del ser.
YO: Creo que tienes las ideas un poco liadas.
ARISTÓTELES: ¿Ideas? No me hables de ideas.
YO: ¿Por qué no?
ARISTÓTELES: Porque las ideas de las que hablaba Platón no existen.
YO: ¿Por qué no?
ARISTÓTELES: Porque el conocimiento comienza por los sentidos, no necesitamos a las “ideas”.
YO: ¿Y cómo funciona el conocimiento?
ARISTÓTELES: Pues primero los sentidos nos transmiten la información, por lo que el conocimiento empieza con ellos, y a partir de ellos creamos una imagen.
YO: Un momento, ¿no estábamos hablando del robo?
ARISTÓTELES: Espera, que no he acabado. Después el conocimiento agente señala en lo que hemos observado lo esencial del objeto, con lo que crea un concepto, y por último aparece el conocimiento paciente, que es capaz de reconocer estos conceptos en la realidad.

YO: Bueno, mira, creo que voy a pasar de denunciarte, porque para mí que estás chalado.