TERESA: ¡Jean-Jacques Rousseau, mi hijo no se va a criar en
el campo!
ROUSSEAU: ¡Pero es que tú no lo entiendes! Si le criamos en
la sociedad esta lo corromperá.TERESA: ¿Pero por qué?
ROUSSEAU: Porque el hombre es bueno por naturaleza. ¿Acaso no has oído el Mito del Buen Salvaje?
TERESA: Por supuesto que lo he oído, pero no lo apoyo.
ROUSSEAU: Pues deberías. Si nuestro hijo se cría en la sociedad crecerá enajenado, egoísta… pero mediante una buena educación, alejado de la sociedad, podrá verse libre, viviendo bajo una igualdad buena para él, y cuando ya esté formado podrá insertarse en la sociedad.
TERESA: ¿Realmente piensas que eso es una buena idea?
ROUSSEAU: Si escribí Emilio exponiendo esto, ¿de veras crees que no lo considero un modo viable de lograr la ansiada libertad?
TERESA: Bueno, no, pero tus ideas siempre han sido muy extravagantes. Además, no tienes más que comprobar el revuelo que causó tu obra. ¿No se te ocurre ninguna otra solución?
ROUSSEAU: Hay otra que podría salvar a nuestro hijo, que es mediante el contrato social. Este se da entre iguales y nos hace libres.
TERESA: ¿Y qué haría nuestro hijo con este “contrato social”?
ROUSSEAU: Sólo tendría que ceder su libertado por el bien común. Y después acabaría recuperándola, junto a la igualdad, y sería bueno.
TERESA: Nunca entenderé por qué das tanta importancia a la igualdad.
ROUSSEAU: ¡Porque es esenciales! La Igualdad es positiva, contribuye y ayuda al hombre, y lo hace bueno. Hay que conseguir restituirla y lograr un estado en el que todos sean iguales. La desigualdad es la causa de todos los males, y proviene de la propiedad privada y de la división del trabajo que esta conlleva.
TERESA: ¿Y la libertad?
ROUSSEAU: Bueno, esta se consigue con un pacto. Todos poseemos un derecho a la vida único e irrenunciable, y sólo siguiendo la norma llegaremos a la libertad.
TERESA: ¿La norma de quién?
ROUSSEAU: De una especie de soberano.
TERESA: ¿Pero no perdemos con él nuestra libertad?
ROUSSEAU: No, ya que todos hemos elegido a este soberano, haciendo uso de nuestra libertad.
TERESA: ¿Y este soberano se hace cargo del Estado?
ROUSSEAU: ¡No! El Estado es negativo, y debe ser erradicado. Se trata únicamente de un estado intermedio. Además, hay varios estados para el hombre.
TERESA: ¿Como cuál?
ROUSSEAU: Primero el estado natural, que es en el que el hombre aparece como el buen salvaje, donde aún existe la igualdad. Pero al existir la sociedad, apareció la propiedad privada, con lo que apareció la sumisión, debida a la desigualdad.
TERESA: Pero esta sumisión, ¿se da hacia el soberano?
ROUSSEAU: Es que realmente el soberano no es una persona como tal, es el ser común que expresa la voluntad de todos, la voluntad general.
TERESA: Entiendo. Y, ¿qué más estados hay?
ROUSSEAU: También tenemos el estado intermedio, que, debido a la desigualdad, hace al hombre malo. Pero esto tiene que superarse, basando el Estado en el contrato social del que te he hablado. Esto hará que todos seamos iguales, y que, por tanto, mande la voluntad general, y no la del tirano.
TERESA: Pero esto llevará tiempo.
ROUSSEAU: Exacto, y por eso mi idea era que criásemos a nuestro hijo en la naturaleza, fuera de la mala influencia de la sociedad.
TERESA: ¿Y qué pensarían los religiosos de esto?
ROUSSEAU: ¿Qué más da eso? Dios realmente no tiene sentido, la única función de la Iglesia es la de hacer que los ciudadanos cumplan “sus deberes”, porque de otra forma no hay forma de que se cumplan los deberes cívicos que hacen a los hombres “buenos ciudadanos”.
TERESA: ¿Entonces qué propones?
ROUSSEAU: Que el Estado fije unos mínimos artículos de fe, unos positivos y otros negativos, llamados “dogmas”, que pienso que habría que limitar a uno: la intolerancia.
TERESA: ¿La intolerancia por qué?
ROUSSEAU: Porque la tolerancia es un principio básico para convivir tanto en lo civil como en la política.
TERESA: ¿Así que en nuestro hijo buscas que sea bueno, la igualdad, la libertad y la tolerancia?
ROUSSEAU: Sí, principalmente sí.
TERESA: ¿Y no estaba Hobbes en contra de esto?
ROUSSEAU: A Hobbes ni me lo nombres. Además de que pensaba que el hombre por naturaleza era malo, se atrevió a decir que “el hombre es un lobo para el hombre”. ¿Te lo puedes creer? Va completamente en contra de mis ideas.
TERESA: ¿Y cómo sabes que no tiene razón?
ROUSSEAU: Porque sus ideas no tienen sentido. ¿A quién se le ocurre pensar que la igualdad, ¡la mismísima igualdad!, es el principio de todos los males? Dice que no está bien que todos seamos iguales porque queremos destacar.
TERESA: ¿Y cuál cree él que sería la solución para esto?
ROUSSEAU: La desigualdad, tal cual. No era muy inteligente este Hobbes proponiendo a esta raíz de problemas como solución a los conflictos.
TERESA: ¿Entonces qué planteaba él para el Estado?
ROUSSEAU: Oh, él hablaba del Leviatan, que señala que el que manda debe garantizar el no-conflicto de la totalidad. Supuestamente representa al pueblo.
TERESA: Realmente sus ideas no son tan extrañas, simplemente mira más allá de tus ideas buscando otras posibilidades.
ROUSSEAU: ¡Pero es que no respeta ni la libertad!
TERESA: ¿Cuánta importancia tiene para ti la libertad realmente?
ROUSSEAU: Es muy importante. Hasta el punto de que sólo podría enajenarse la libertad al precio de salvar la vida. No tiene sentido el contrato de enajenación por el que un individuo vende su libertad, convirtiéndose en un esclavo, tan sólo a cambio de su vida o de una cierta seguridad.
TERESA: De modo que no me queda remedio, ¿no? Si tan importante es para ti todo esto iremos a criarlo fuera de la sociedad.
ROUSSEAU: ¿De verdad? Mil gracias. Juntos lograremos llegar a la igualdad con el contrato social, ya lo verás.