sábado, 9 de mayo de 2015

Rousseau y su mujer.



TERESA: ¡Jean-Jacques Rousseau, mi hijo no se va a criar en el campo!
ROUSSEAU: ¡Pero es que tú no lo entiendes! Si le criamos en la sociedad esta lo corromperá.
TERESA: ¿Pero por qué?
ROUSSEAU: Porque el hombre es bueno por naturaleza. ¿Acaso no has oído el Mito del Buen Salvaje?
TERESA: Por supuesto que lo he oído, pero no lo apoyo.
ROUSSEAU: Pues deberías. Si nuestro hijo se cría en la sociedad crecerá enajenado, egoísta… pero mediante una buena educación, alejado de la sociedad, podrá verse libre, viviendo bajo una igualdad buena para él, y cuando ya esté formado podrá insertarse en la sociedad.
TERESA: ¿Realmente piensas que eso es una buena idea?
ROUSSEAU: Si escribí Emilio exponiendo esto, ¿de veras crees que no lo considero un modo viable de lograr la ansiada libertad?
TERESA: Bueno, no, pero tus ideas siempre han sido muy extravagantes. Además, no tienes más que comprobar el revuelo que causó tu obra. ¿No se te ocurre ninguna otra solución?
ROUSSEAU: Hay otra que podría salvar a nuestro hijo, que es mediante el contrato social. Este se da entre iguales y nos hace libres.
TERESA: ¿Y qué haría nuestro hijo con este “contrato social”?
ROUSSEAU: Sólo tendría que ceder su libertado por el bien común. Y después acabaría recuperándola, junto a la igualdad, y sería bueno.
TERESA: Nunca entenderé por qué das tanta importancia a la igualdad.
ROUSSEAU: ¡Porque es esenciales! La Igualdad es positiva, contribuye y ayuda al hombre, y lo hace bueno. Hay que conseguir restituirla y lograr un estado en el que todos sean iguales. La desigualdad es la causa de todos los males, y proviene de la propiedad privada y de la división del trabajo que esta conlleva.
TERESA: ¿Y la libertad?
ROUSSEAU: Bueno, esta se consigue con un pacto. Todos poseemos un derecho a la vida único e irrenunciable, y sólo siguiendo la norma llegaremos a la libertad.
TERESA: ¿La norma de quién?
ROUSSEAU: De una especie de soberano.
TERESA: ¿Pero no perdemos con él nuestra libertad?
ROUSSEAU: No, ya que todos hemos elegido a este soberano, haciendo uso de nuestra libertad.
TERESA: ¿Y este soberano se hace cargo del Estado?
ROUSSEAU: ¡No! El Estado es negativo, y debe ser erradicado. Se trata únicamente de un estado intermedio. Además, hay varios estados para el hombre.
TERESA: ¿Como cuál?
ROUSSEAU: Primero el estado natural, que es en el que el hombre aparece como el buen salvaje, donde aún existe la igualdad. Pero al existir la sociedad, apareció la propiedad privada, con lo que apareció la sumisión, debida a la desigualdad.
TERESA: Pero esta sumisión, ¿se da hacia el soberano?
ROUSSEAU: Es que realmente el soberano no es una persona como tal, es el ser común que expresa la voluntad de todos, la voluntad general.
TERESA: Entiendo. Y, ¿qué más estados hay?
ROUSSEAU: También tenemos el estado intermedio, que, debido a la desigualdad, hace al hombre malo. Pero esto tiene que superarse, basando el Estado en el contrato social del que te he hablado. Esto hará que todos seamos iguales, y que, por tanto, mande la voluntad general, y no la del tirano.
TERESA: Pero esto llevará tiempo.
ROUSSEAU: Exacto, y por eso mi idea era que criásemos a nuestro hijo en la naturaleza, fuera de la mala influencia de la sociedad.
TERESA: ¿Y qué pensarían los religiosos de esto?
ROUSSEAU: ¿Qué más da eso? Dios realmente no tiene sentido, la única función de la Iglesia es la de hacer que los ciudadanos cumplan “sus deberes”, porque de otra forma no hay forma de que se cumplan los deberes cívicos que hacen a los hombres “buenos ciudadanos”.
TERESA: ¿Entonces qué propones?
ROUSSEAU: Que el Estado fije unos mínimos artículos de fe, unos positivos y otros negativos, llamados “dogmas”, que pienso que habría que limitar a uno: la intolerancia.
TERESA: ¿La intolerancia por qué?
ROUSSEAU: Porque la tolerancia es un principio básico para convivir tanto en lo civil como en la política.
TERESA: ¿Así que en nuestro hijo buscas que sea bueno, la igualdad, la libertad y la tolerancia?
ROUSSEAU: Sí, principalmente sí.
TERESA: ¿Y no estaba Hobbes en contra de esto?
ROUSSEAU: A Hobbes ni me lo nombres. Además de que pensaba que el hombre por naturaleza era malo, se atrevió a decir que “el hombre es un lobo para el hombre”. ¿Te lo puedes creer? Va completamente en contra de mis ideas.
TERESA: ¿Y cómo sabes que no tiene razón?
ROUSSEAU: Porque sus ideas no tienen sentido. ¿A quién se le ocurre pensar que la igualdad, ¡la mismísima igualdad!, es el principio de todos los males? Dice que no está bien que todos seamos iguales porque queremos destacar.
TERESA: ¿Y cuál cree él que sería la solución para esto?
ROUSSEAU: La desigualdad, tal cual. No era muy inteligente este Hobbes proponiendo a esta raíz de problemas como solución a los conflictos.
TERESA: ¿Entonces qué planteaba él para el Estado?
ROUSSEAU: Oh, él hablaba del Leviatan, que señala que el que manda debe garantizar el no-conflicto de la totalidad. Supuestamente representa al pueblo.
TERESA: Realmente sus ideas no son tan extrañas, simplemente mira más allá de tus ideas buscando otras posibilidades.
ROUSSEAU: ¡Pero es que no respeta ni la libertad!
TERESA: ¿Cuánta importancia tiene para ti la libertad realmente?
ROUSSEAU: Es muy importante. Hasta el punto de que sólo podría enajenarse la libertad al precio de salvar la vida. No tiene sentido el contrato de enajenación por el que un individuo vende su libertad, convirtiéndose en un esclavo, tan sólo a cambio de su vida o de una cierta seguridad.
TERESA: De modo que no me queda remedio, ¿no? Si tan importante es para ti todo esto iremos a criarlo fuera de la sociedad.
ROUSSEAU: ¿De verdad? Mil gracias. Juntos lograremos llegar a la igualdad con el contrato social, ya lo verás.

Nietzsche, asesino (y con razón).


POLICÍA: Pero, ¿cómo es posible que haya hecho usted una cosa así?
NIETZSCHE: ¿Yo? Yo no he hecho nada.
POLICÍA: ¿Intenta decir que ese crimen se ha producido de forma espontánea?
NIETZSCHE: No, claro que no. Pero no he sido yo el único autor de esto. Ha sido el hombre.
POLICÍA: ¿Cómo el hombre? ¿Quién es “el hombre”?
NIETZSCHE: Oh, no es una persona si es lo que está usted pensando. Es el conjunto de hombres en general.
POLICÍA: Sabe que eso no tiene ningún sentido, ¿verdad? Y, además, ¿qué razones tendría la humanidad para realizar un acto como este?
NIETZSCHE: Porque los hombres no soportaban a alguien testigo de todo, que además descentraba y envilecía al hombre.
POLICÍA: Pero, ¿¡Cómo va Dios a envilecer al hombre!? Es una locura.
NIETZSCHE: Pues así era, porque el hombre atribuyó a Dios unos valores extraordinarios que no se atrevía a atribuirse a sí mismo. Además, Dios no era más que enemigo del hombre.
POLICÍA: ¿Enemigo? Pero si Dios era todo bondad.
NIETZSCHE: Eso es falso, Dios era Cristo, representante de los absurdos valores de los filósofos Dogmáticos.
POLICÍA: ¿Y qué tienen de malo estos filósofos? Tanto Platón como otros tantos ligados al cristianismo eran unos genios.
NIETZSCHE: No eran unos genios, ni mucho menos. Odiaban la vida.
POLICÍA: ¿Cómo van a odiar la vida?
NIETZSCHE: Ellos ponían la importancia en otra vida, no en esta. Esta vida para ellos no era más que un mero trámite para llegar a la otra. Pretendían separar entre cuerpo y alma, y esto nos descentra.
POLICÍA: Pero la voluntad de verdad decía que…
NIETZSCHE: ¡La voluntad de verdad no tiene ninguna validez! No es más que la necesidad de afirmar que la realidad es de una forma determinada.
POLICÍA: Pero es la voluntad de apoyar lo verdadero, y la verdad es importante.
NIETZSCHE: Se equivoca, la verdad no es más que un conjunto de generalizaciones. Los juicios importantes no son los verdaderos, sino los que favorezcan a la vida. Lo que es importante es la voluntad de poder.
POLICÍA: ¿Y esto qué es?
NIETZSCHE: Consiste en un término que percibo en un momento determinado y desde mi individualidad, y lo reivindico desde mi propia perspectiva.
POLICÍA: ¿Perspectiva?
NIETZSCHE: Sí, cada persona tiene su propia perspectiva, incluso usted, y todos debemos apoyar la nuestra, no tiene que haber una moral común que nos prive a todos de disfrutar de esta vida.
POLICÍA: Pero, si sólo existe esta vida como usted dice, ¿qué sentido tiene obrar bien?
NIETZSCHE: Bueno, es que la propia moral nos conduce a ello. De todas formas el Superhombre está por encima del Bien y del Mal.
POLICÍA: ¿El Superhombre? Explíquese.
NIETZSCHE: El Superhombre es el encargado de crear unos nuevos valores, y está por encima del hombre.
POLICÍA: ¿Qué nuevos valores?
NIETZSCHE: Dudo que realmente esto le importe demasiado, señor.
POLICÍA: Estoy tomándole declaración, de modo que debe proseguir.
NIETZSCHE: Está bien. Todo comienza con que el hombre está en un estado de sumisión en el que acepta todos los valores establecidos, es como un camello, pero en un momento negará todo, convirtiéndose en león.
POLICÍA: ¿En un león? ¿Habla usted de la reencarnación ahora?
NIETZSCHE: No, es simplemente una metáfora. Después de negar todo, se dará cuenta de que esto no le lleva a nada y descubrirá que hay que llegar a unos nuevos valores, pero para no afirmar nada sobre los ya existentes deberá crear unos nuevos de cero –evitando así caer en enunciados falsos-, y aquí surgirá el Nihilismo, con el hombre convertido en niño. Aparecerá entonces el Superhombre, encargado de estos nuevos valores.
POLICÍA: ¿Y cómo van a aparecer nuevos valores, siendo la realidad estática?
NIETZSCHE: Es que no es estática. El mundo está en movimiento y se transforma. Por ello no existen los conceptos tan utilizados anteriormente, sólo debemos hacer uso de las metáforas, que consisten en atribuir un nombre a una cosa en un momento determinado.
POLICÍA: ¿Y por qué en un momento determinado?
NIETZSCHE: Porque al existir el movimiento dicha cosa podría modificarse para la vez siguiente que quieras nombrarla, ergo no puedes darle un nombre fijo que la matematice.
POLICÍA: Pero entonces las ciencias sin conceptos… no son nada.
NIETZSCHE: Es que las ciencias, por mucho que hagan avanzar al hombre, están ligadas a valores anteriores, y cuantifican la realidad, ya que suprimen las cualidades de los objetos al ponerles un nombre determinado sin tener en cuenta el movimiento del que le hablo.
POLICÍA: ¿Cómo se definiría usted entonces?
NIETZSCHE: Como un vitalista, ya que apoyo esta vida. Soy el Anticristo, apoyando la idea del Superhombre y siguiendo las ideas del Nihilismo.
POLICÍA: No, me refería a que si se declara usted culpable o inocente.
NIETZSCHE: Culpable, pero con razones de peso para ejecutar este asesinato de Dios, y con la ayuda de todos los hombres. Además ha habido más crímenes no juzgados, señor.
POLICÍA: ¿Cómo cuál?
NIETZSCHE: Como el acto que realizaron los esclavos contra los señores. Nadie habla de la transmutación de valores.
POLICÍA: Me temo que no le sigo.
NIETZSCHE: Verá, los señores son valientes, aman la vida y el riesgo. En cambio, los esclavos son cobardes y temen a la vida, por ello no quieren vivir y siguen los valores impuestos por otros, siguen a los demás.
POLICÍA: ¿Y qué tiene esto de malo?
NIETZSCHE: Que los esclavos formularon una moral general para todos que tapaba a los señores y a la vida en sí, pero con el Nihilismo y la creación de nuevos valores esto se acabará, puesto que cada uno tendrá sus valores por la perspectiva de la que hemos hablado antes.
POLICÍA: Está bien, eso ya lo comprobaremos si ocurre el proceso de los hombres hasta llegar a ser niños, como usted dice. Pero no me ha explicado esas “razones de peso” de las que alardea.
NIETZSCHE: Ya le he dicho que Dios era testigo de todo, que envilecía al hombre, que lo descentraba… Y, además, cuanto más Dios hay, menos hombre queda, y por esto Dios estaba contra el hombre también.
POLICÍA: Veremos si esos argumentos valen al juez. Una última pregunta, ¿tenía alguna persona idea de que este crimen iba a ocurrir?
NIETZSCHE: Por supuesto, Zaratrustra, el profeta de la muerte de Dios.
POLICÍA: Está bien, mandaré que lo detengan entonces. ¿Tiene usted algo que decir antes de que lo encierre como sospechoso de asesinato de la muerte de Dios?
NIETZSCHE: Por supuesto. ¡Dios ha muerto, viva el Superhombre!